Clausura

El consumo ha dejado de ser una actividad ocasional para convertirse en una condición inseparable de nuestra vida en sociedad. Consumimos para acceder a la vivienda, alimentarnos, desplazarnos, comunicarnos o disponer de energía. Desde esta perspectiva, proteger al consumidor significa también proteger a la ciudadanía en algunos de los ámbitos más esenciales de su vida cotidiana.

Esta fue una de las principales reflexiones de Leandro Cabrera Mercado, decano del Ilustre Colegio de Abogados de Granada, durante la clausura del I Congreso FAMILEX de Derecho de Consumo.

Su intervención puso el foco en la necesidad de otorgar al Derecho de Consumo la centralidad jurídica que le corresponde y de construir un sistema capaz de responder a las nuevas formas de vulnerabilidad que surgen tanto en el mercado tradicional como en el entorno digital.

Del mito de la igualdad contractual a la realidad del consumidor

Durante mucho tiempo, el Derecho privado se construyó sobre la premisa de que las partes que celebran un contrato se encuentran en una posición de igualdad.

Para Leandro Cabrera, la evolución del mercado ha demostrado las limitaciones de esa concepción. El consumidor se relaciona actualmente con grandes estructuras empresariales, contratos de adhesión de difícil comprensión y profundas asimetrías de información que condicionan su capacidad para negociar y tomar decisiones.

La vulnerabilidad del consumidor no debe entenderse, por tanto, únicamente como una circunstancia individual. Cabrera la definió como una condición estructural del propio sistema, que obliga tanto al legislador como a los tribunales a establecer mecanismos capaces de reequilibrar la relación.

Desde esta perspectiva, el Derecho de Consumo no pretende enfrentarse al libre mercado. Al contrario, su función consiste en establecer límites frente a sus posibles excesos y evitar que una posición de superioridad económica termine imponiéndose sobre la parte más débil de la relación contractual.

Tres pilares para que los derechos sean efectivos

Reconocer derechos en una norma no garantiza por sí solo su protección.

Para Leandro Cabrera, las leyes de consumo corren el riesgo de convertirse en “papel mojado” si no están acompañadas de tres pilares fundamentales: una Justicia accesible y ágil, una Administración proactiva y una verdadera apuesta por la formación y la concienciación.

Una Justicia accesible y ágil

El primero pasa por garantizar que reclamar un derecho sea realmente posible.

Los mecanismos alternativos de resolución de conflictos y las acciones colectivas deben ofrecer respuestas eficaces y no convertirse en procedimientos burocráticos que terminen desincentivando al ciudadano, especialmente cuando las cantidades reclamadas son reducidas.

La efectividad de un derecho depende también de que exista una vía razonable para hacerlo valer.

“Hablar de Derecho de Consumo es hablar de derechos humanos en la vida cotidiana”

La afirmación que condensó buena parte de la intervención de Leandro Cabrera fue también una reivindicación del lugar que esta disciplina debe ocupar dentro del ordenamiento jurídico.

“Hablar de derecho de consumo es hablar de derechos humanos en la vida cotidiana”.

La idea parte de una realidad sencilla: consumir ya no es una opción. Forma parte de prácticamente todas las dimensiones de nuestra existencia.

Alimentación, vivienda, transporte, comunicaciones o energía son necesidades esenciales a las que accedemos a través de relaciones de consumo. Por ello, Cabrera rechazó que el Derecho de Consumo pueda seguir considerándose una rama periférica o menor del ordenamiento jurídico.

Proteger al consumidor significa, en este sentido, garantizar que el acceso cotidiano a bienes y servicios se produzca dentro de unas condiciones de equilibrio, transparencia y respeto a sus derechos.

De la letra pequeña a los algoritmos

Las nuevas formas de contratación han ampliado además los espacios en los que puede producirse esa desigualdad.

Leandro Cabrera advirtió de que el consumidor ya no se enfrenta exclusivamente a la tradicional letra pequeña de un contrato. El escenario digital incorpora nuevos desafíos: algoritmos opacos, utilización masiva de datos personales, sesgos derivados de la inteligencia artificial y patrones de diseño concebidos para influir en las decisiones del usuario.

Esta transformación obliga a trasladar los principios tradicionales de protección del consumidor al entorno tecnológico.

Como sintetizó durante su intervención, el entorno digital no puede convertirse en un territorio ajeno a las garantías jurídicas. La protección del consumidor debe estar presente desde el propio diseño de las plataformas y herramientas con las que interactúa.

Una Administración proactiva

El segundo pilar señalado por Cabrera es una Administración capaz de actuar frente a los abusos sistemáticos.

La protección del consumidor no puede depender exclusivamente de que cada ciudadano detecte una práctica perjudicial e inicie individualmente una reclamación. Para el decano, resulta imprescindible una actuación administrativa proactiva acompañada de una potestad sancionadora suficientemente contundente.

Formación y concienciación

El tercer elemento es la información.

“Un consumidor informado es un consumidor protegido”, afirmó Cabrera durante la clausura.

Conocer los propios derechos, comprender las condiciones de aquello que se contrata e identificar posibles prácticas abusivas constituye una primera línea de protección. De ahí la importancia de que la cultura del consumo responsable y la formación jurídica alcancen tanto a los ciudadanos como a quienes intervienen profesionalmente en estas relaciones.

Del Congreso a los despachos, las universidades y los tribunales

La clausura sirvió también para plantear qué debe suceder después de un encuentro dedicado al análisis y al debate jurídico.

Para Leandro Cabrera, las conclusiones alcanzadas no pueden permanecer únicamente dentro del Congreso. Deben trasladarse a las universidades, los despachos de abogados, las juntas arbitrales, los parlamentos y las resoluciones de jueces y tribunales.

Vivienda, microcréditos, nuevas modalidades de fraude bancario, mecanismos adecuados de solución de controversias o transformación digital son algunas de las materias que evidencian que el Derecho de Consumo está en constante evolución y necesita respuestas igualmente dinámicas.

La construcción de un marco jurídico sólido exige, por ello, la implicación conjunta de la abogacía, la judicatura, las administraciones, la universidad y el resto de operadores vinculados a la protección de los consumidores.

Humanizar el consumo a través del Derecho

Leandro Cabrera cerró su intervención con una frase que resume el espíritu de su reflexión y, al mismo tiempo, proyecta el trabajo que queda por delante:

“No permitamos que el consumo deshumanice nuestra sociedad, hagamos que el derecho humanice el consumo”.

Con estas palabras quedó clausurado el I Congreso FAMILEX de Derecho de Consumo, pero también planteado uno de los principales desafíos para el futuro: conseguir que la protección jurídica avance al mismo ritmo que evolucionan el mercado, la tecnología y las nuevas formas de contratación.

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