Helena y Vincent. IA práctica
La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa de futuro para convertirse en una herramienta cada vez más presente en el ejercicio diario de la abogacía. Sin embargo, más allá de sus capacidades técnicas, el verdadero debate se centra en cómo integrarla en el trabajo jurídico sin renunciar al rigor, la seguridad jurídica y el criterio profesional.
Sobre estas cuestiones debatieron Alfredo López, responsable de IA jurídica de vLex; Iciar Bertolá, directora de Formación de SEPIN y Mónica Arrescurrenaga, responsable de Grandes Cuentas en Sepín Editorial Jurídica; en una sesión moderada por Francisco Javier Jiménez Chacón, abogado, vicepresidente de la Sección de Derecho de Consumo del Ilustre Colegio de Abogados de Granada y miembro del Consejo Jurídico de ADICAE. A través de distintos casos prácticos, los ponentes mostraron cómo las herramientas de inteligencia artificial están transformando la forma de investigar, redactar y analizar asuntos jurídicos, mientras que la moderación condujo el diálogo hacia las inquietudes reales que hoy plantea esta tecnología entre los profesionales del Derecho.
La IA como herramienta de apoyo, no como sustituta del abogado
Uno de los mensajes en los que coincidieron todos los participantes fue que la inteligencia artificial debe entenderse como un instrumento para potenciar el trabajo del profesional, nunca para sustituirlo.
Alfredo López defendió que el abogado continúa ocupando una posición central en el proceso jurídico. A su juicio, la IA permite reducir tiempos de búsqueda, localizar legislación y jurisprudencia relevante o generar primeros borradores de escritos, pero sigue siendo el profesional quien define la estrategia, verifica la información y adapta el resultado a las circunstancias concretas del asunto. Resumió esta filosofía en una idea: el ser humano debe seguir estando en el centro del proceso de decisión jurídica.
Una reflexión compartida también por Iciar Bertolá, quien explicó que el objetivo de estas herramientas es liberar al abogado de tareas repetitivas y permitirle dedicar más tiempo al análisis jurídico, al asesoramiento y a la estrategia procesal, actividades en las que el criterio profesional continúa siendo insustituible.
La especialización como garantía de seguridad jurídica
Uno de los asuntos que centró el debate fue la diferencia entre las herramientas de inteligencia artificial de propósito general y aquellas desarrolladas específicamente para el ámbito jurídico.
Alfredo Vela defendió que las soluciones especializadas parten de una ventaja esencial: trabajan sobre bases de datos jurídicas validadas por expertos y conocen la estructura propia del Derecho —legislación, jurisprudencia, doctrina y formularios—, lo que permite ofrecer respuestas fundamentadas y contextualizadas. En su opinión, esta especialización reduce significativamente el riesgo de errores y facilita que el profesional pueda comprobar de inmediato las fuentes utilizadas para elaborar cada respuesta.
Desde la perspectiva de Sepín Editorial Jurídica, Mónica Arrescurrenaga explicó que el desarrollo de herramientas de inteligencia artificial responde a la evolución natural de una editorial con más de cuarenta años de experiencia en documentación jurídica. Destacó que estas soluciones están concebidas para ofrecer respuestas fiables y seguras, apoyadas en una base documental especializada, al tiempo que garantizan la confidencialidad de la información aportada por los usuarios y el cumplimiento de la normativa en materia de protección de datos.
Por su parte, Iciar Bertolá, profundizó en las capacidades de la herramienta presentada por Sepín, explicando que todas las respuestas se construyen a partir de la base documental de la editorial —jurisprudencia, legislación, doctrina y formularios—, permitiendo al abogado acceder de forma inmediata a las fuentes que sustentan cada consulta. En su opinión, esta especialización constituye la principal diferencia respecto de las herramientas de inteligencia artificial de propósito general.
Las preguntas que hoy se hace la profesión
A partir de las cuestiones planteadas por Francisco Javier Jiménez Chacón, la conversación se orientó hacia algunas de las dudas que hoy comparten muchos profesionales jurídicos: si sigue existiendo resistencia a utilizar inteligencia artificial, cómo aprender a formular consultas eficaces, cuál es el riesgo de las denominadas "alucinaciones" y qué garantías ofrecen estas herramientas respecto a la fiabilidad de la información jurídica que proporcionan.
Alfredo López explicó que la evolución de estos sistemas ha reducido notablemente la importancia del denominado prompting. Según señaló, las nuevas herramientas son capaces de comprender instrucciones formuladas en lenguaje natural, detectar información incompleta e incluso solicitar aclaraciones antes de elaborar una respuesta. En su opinión, el abogado ya no necesita dominar complejas técnicas para comunicarse con la inteligencia artificial, sino saber plantear correctamente el problema jurídico y validar posteriormente el resultado obtenido.
Casos prácticos aplicados al Derecho de Consumo
La sesión incluyó varias demostraciones centradas en supuestos reales vinculados al Derecho de Consumo.
Alfredo López mostró cómo una herramienta de IA puede elaborar un primer borrador de una demanda civil a partir de un supuesto práctico, localizar automáticamente la normativa aplicable, identificar la jurisprudencia relevante y generar un documento editable que posteriormente el abogado puede adaptar a su estrategia procesal.
Por su parte, Sepín presentó un supuesto relacionado con un fraude bancario para explicar cómo la inteligencia artificial puede ofrecer una primera orientación jurídica apoyada en jurisprudencia del Tribunal Supremo y documentación especializada. También mostró recursos visuales diseñados para facilitar la comprensión de cuestiones jurídicas complejas, como las diferencias entre la compraventa de vehículos realizada entre particulares y la efectuada por un empresario, evidenciando el potencial divulgativo de estas herramientas.
La seguridad jurídica como elemento diferenciador
La fiabilidad de la información generada ocupó una parte importante del debate.
A preguntas del moderador, ambos equipos abordaron uno de los aspectos que más preocupa a la profesión: la posibilidad de que la inteligencia artificial cite sentencias inexistentes o referencias normativas incorrectas. Tanto Alfredo López como Iciar Bertolá, defendieron que una IA jurídica debe fundamentar todas sus respuestas en documentación verificable y permitir al usuario acceder directamente a las fuentes utilizadas para construir cada respuesta, facilitando así la labor de comprobación por parte del profesional.
Coincidieron en que la inteligencia artificial no elimina la responsabilidad del abogado sobre el resultado final. Muy al contrario, cuanto más especializado sea el profesional y mayor sea su capacidad para interpretar críticamente las respuestas ofrecidas por la herramienta, mayor será el valor que podrá obtener de ella en su práctica diaria.
Una tecnología al servicio del criterio jurídico
La principal conclusión de la mesa fue que la inteligencia artificial está llamada a transformar profundamente la forma de trabajar de los profesionales del Derecho, pero no la esencia de su función.
Más que sustituir el conocimiento jurídico, estas herramientas permiten automatizar tareas repetitivas, acelerar la localización de información y facilitar la elaboración de documentos, dejando en manos del abogado aquello que ninguna tecnología puede reemplazar: el análisis jurídico, la interpretación del caso concreto, la estrategia y la responsabilidad profesional.

